Capítulo
9
Narra
Emma:
El día después de la cena con Joseph y sus amigos, me decidí
finalmente en llamar a Ashton. Con tan solo imaginar que existía la posibilidad
de tratar aquel problema que tanto me agobiaba, me sentía feliz. Era la primera
vez que alguien se había interesado en ayudarme. Quedamos en encontrarnos a las
cuatro de la tarde, en su casa. Cuando llego la hora, me encargue de dejar todo
en orden en mi trabajo, y luego partí hacia la casa de mi solidario amigo. El cual me atendió y me hizo ingresar a su
casa apenas toqué el timbre de su hogar.
-Siéntate, Emma. – Dijo señalando los sillones que se hallaban en
el living de su casa. Y así lo hice. – Bueno… ¿Cómo estás? – Pregunto atento.
-Bien. – Respondí. – Un poco nerviosa… no lo sé, jamás hable esto
con nadie. – Confesé.
-Solo habla… tranquila. Estoy aquí para ayudarte. – Dijo sereno, y
yo le sonreí levemente. – Bien, cuéntame que es lo que pasa. – Pidió.
-En realidad no sé mucho sobre eso.- Reí un tanto nerviosa. –
Parece estúpido… - Musite y justo el me interrumpió.
-No, no es estúpido. – Corrigió. – No tengas miedo de contarme, no
voy a reírme, en serio. – Expreso dándome aún más confianza. – Por lo que vi
ayer, me di cuenta que es el fuego lo que te altera, es decir, cuando hay una
gran cantidad. ¿No es así? – Empezó a hablar para que yo pudiera despegarme de
mi timidez, y así lo hice.
-Es algo así como una fobia… me pasa lo mismo que a una persona
que tiene fobia a las arañas, o a los lugares cerrados, solo que mi problema es
con el fuego. ¿Es extraño, no? -
-Es algo… poco común. Es decir, lo que a ti te pasa tiene un
nombre, y es arsonfobia. – Revelo y yo me sorprendí ante su sabiduría.
-¿Y… puedo saber por qué tengo eso? – Pregunté con intriga.
-No hay un motivo exacto. – Contesto. – Pero una de las razones puede ser que hayas
sufrido alguna situación que te marco, donde el fuego haya estado presente. ¿No
recuerdas nada? – Explico detalladamente. Y al realizarme esa pregunta, me
quede pensando unos minutos, pero no podía memorizar ningún recuerdo claro
sobre lo que él me pedía. Solamente
había un sueño, algo que solía soñar casi todas las noches.
-No tengo recuerdos claros… – Aseguré. – Pero si hay un sueño que me
visita casi todas las noches. Es como si yo estuviese en un gran lugar donde
nadie puede oírme y solo hay fuego. Desde que tengo memoria sueño lo mismo. Es
desesperante. – Conté claramente sobre
aquel misterio.
-Emma, no te asustes, pero tal vez ese sueño sea algún recuerdo
bloqueado. Algo que te ocurrió cuando eras muy pequeña, y que tu mente lo haya bloqueado porque no
fue una agradable experiencia. Por ahora, no puedo hacer más nada. Solo intenta
recordar todo lo que puedas. – Expreso. Yo lo mire comprendiendo lo que estaba
diciendo.
-Si… entiendo. – Dije. – Apenas recuerde algo te lo diré. –
Agregué.
-Perfecto. – Respondió el.
Antes de irme, tomamos un café, y luego regrese a mi trabajo para seguir
con mi rutina. Al menos había avanzado unos pasos en mis problemas, y podía
sentirme un poco más segura porque sabía que tal vez pronto encontraríamos una
solución.
Narra
Joe:
Cuando el sol ya se estaba ocultando, Ashton llego a mi casa
normalmente. Caitlin estaba allí también, pero cuando vio que mi mejor amigo
llego, ella decidió marcharse. Me dijo que tenía cosas que hacer así que nos
despedimos rápidamente y abandono mi hogar.
-¿Qué hacían? – Preguntó Ashton algo curioso. – Por lo que veo…
volviste con Caitlin. – Supuso ciertamente.
-Estamos en eso. –Respondí con una pequeña sonrisa.
-Bueno… me alegro. Si es que tú te sientes bien. – Me felicito
pensando en mi bienestar. Pero luego de seguir conversando, paso algo que me
desconcertó bastante. Yo solo mencione que estaba aburrido, y que tenía muchas
ganas de hablar con Emma, y Ashton realmente me miro, digamos que… mal.
-¿Qué te pasa? – Cuestione completamente desconcertado por su
actitud.
-Amigo, estás haciendo las cosas muy mal, no juegues con ella. –
Indico y parecía… enojado.
-No estoy jugando con ella. – Negué. – Es mi amiga, quiero hablar
con ella, me cae bien. No voy a hacer nada malo. – Aclaré intentando que Ashton se tranquilizara un poco.
-Está bien… no importa. Disculpa que te haya tratado mal.- Se
disculpó. – Pero es que hoy estuve hablando con ella, y me conto muchas cosas.
– Reveló. – Es como una chica muy frágil pero muy fuerte a la vez. – Comenzó a
contar. Yo escuchaba todas sus palabras, con mucha atención, pues temía que
Ashton estuviera sintiendo otras cosas por Emma. No sé porque, pero la sola
idea de pensarla con un chico, me molestaba de una manera tan incómoda.
Mientras escuchaba hablar a mi mejor amigo, me pregunté a mi mismo ¿Qué
demonios estaba haciendo con mi vida? Y de repente tuve ganas de empezar a ser
sincero conmigo mismo y con mis sentimientos. Las palabras de mi amigo quedaron
retumbando en mi cabeza haciéndome reflexionar sobre lo que estaba haciendo, y
de la manera en la cual estaba manejándome. Todavía quedaba tiempo de comenzar
a hacer las cosas bien.
Narra
Marlene:
Luego de hablar por la madrugada con Nicholas, caí rendida a mi
cama, y dormí hasta las doce del mediodía. Cuando desperté, en mi casa no había
nadie. Pero eso era normal, mis padres siempre tenían cosas “importantes” que
hacer, y ni siquiera se preocupaban por dejarme algo de comer en la heladera.
Así que solo me alimente con unas masitas que halle de casualidad, realmente la
alacena estaba completamente vacía. Tampoco tenía nada que hacer, solo encendí la
televisión y busque algo entretenido para ver. Estuve como unos 20 minutos ahí
en frente, hasta que oí que tocaban la puerta de mi casa. Me levanté y abrí,
sin saber que me iba a encontrar con mi “novio.”
-Brad. – Pronuncié. - ¿Qué haces aquí? – Cuestione algo
sorprendida.
- Vengo a verte. – Respondió al mismo tiempo que ingresaba a mi
casa sin mi permiso.
-Yo no quiero verte. – Conteste seca.
-¿Por qué? – Pregunto tornándose más serio.
-¿Qué le dijiste a mi padre sobre Nicholas? ¿¡Que rayos le
dijiste!? – Cuestione mostrando mi enojo.
-Nada. Le dije un par de cosas… Ese chico te está alejando de mí,
te va a alejar de tu familia, yo sé muy bien lo que busca ese idiota. –
Menciono furioso.
-No lo conoces. – Lancé sin vueltas. – No sabes nada sobre
él. –Continúe.
-¿Vamos a discutir por culpa de ese tarado? Escúchame, yo estuve
contigo siempre – Comenzó a reprochar y me tomo fuertemente del brazo para que
no me alejará de él. – Te soporte durante ¡tres años! ¡Tres años!
– Expreso
haciéndome sentir despreciada.
-Brad… Brad suéltame. – Pedí entre sus gritos, pero él seguía
reteniéndome con fuerzas.
- ¡Si yo te dejo vas a quedarte sola, y lo sabes muy bien! –
Continúo atormentándome. - ¿Quieres quedarte sola? ¿¡Quieres quedarte sola
estúpida!? - Cuestiono insistentemente,
mirándome con rabia.
-No… no. – Musite. – Suéltame ya. – Pedí nuevamente, y esta vez
realice un movimiento brusco que provoco que Brad se alejara un poco de mí,
finalmente dejándome libre de sus garras. Luego de esa discusión solo me quede
en silencio. Fue un episodio completamente horrible. – Entonces empieza a hacer
lo que yo te digo ¿Entendiste mi vida? – Aclaró con ironía. Yo solo respondí
“si” con un breve gesto. No tenía intenciones de seguir discutiendo
absolutamente nada con él. Me sentía débil, vulnerable, estúpida. Me costaba
admitir que en lo más profundo de mí ser sentía temor cuando Brad se comportaba
de esa manera y se tornaba agresivo. Estaba solo en mi casa, sola y con él. No
quise llamar a Nicholas, porque no quería que se entrometiera y saliera
lastimado. Tal vez lo mejor era alejarme de él, por su propio bien. Luego de
estar un largo rato sin dirigirnos palabras con Brad, él se acercó finalmente a
hablarme.
-Extraño los viejos tiempos. Extraño que salgamos juntos de
fiesta, por ahí. – Expreso acercándose a mí.
-¿Qué quieres decir con eso?
- Pregunté algo confundida. Y en ese momento el abrió su mano,
mostrándome una bolsa con pastillas color blanco pálido. Esas pastillas que me
tranquilizaban, aquellas que me hacían sentir ligera, casi volando. Las que
fueron mi única solución durante un largo tiempo, y las que todavía me costaba
dejar. Hacía tiempo que no me acercaba a ellas, pero hubo un tiempo donde tan
solo eran como dulces inocentes para mí. Las mire de reojos, dudando de
tomarlas o no hacerlo. El dolor latía en mí tan fuerte, que haya la necesidad
de aceptar aquella peligrosa propuesta de Brad.
-¿Qué dices? Tomamos algunas… luego bebemos algo, y vamos a una
asombrosa fiesta aquí cerca. - Dijo revelando su peligrosa pero tentadora
propuesta. Lo pensé un par de veces un poco insegura… pero finalmente me decidí
en seguirlo. ¿Qué más quedaba? Mis padres me habían prohibido ver a Nicholas,
la única persona que podía llegar a cambiar la vida. Sin un amigo cerca como
el, volvía a el pozo oscuro en el que siempre estuve, y en el que seguramente
estaré para toda mi vida.
Narra
Kevin:
La repentina desaparición de Lindsay había sido bastante extraña.
Me pareció muy raro que solo hubiera hablado con Amy, y conmigo no. Mi novia me
dijo que Lindsay renuncio porque al parecer, sintió que todo era demasiado trabajo
para ella. Pero había algo que no me convencía… tenía muchas dudas. Había visto
a mi amiga muy feliz y conforme en ayudarme con
mi boda, no podía entender porque quiso dejar todo y ni si quiera haya
querido hablar conmigo. Es por eso que apenas pude puse en marcha mi automóvil,
y me dirigí hasta su casa… a encontrarle respuestas a mis preguntas. Toqué el
timbre de la casa, y en unos minutos ella me encontró allí, y la expresión en
su rostro cambio totalmente… se sorprendió.
-Kevin… - Musito. – Que raro ¿Qué haces aquí? – Pregunto con
intriga.
-Vengo a preguntarte algo. – Dije rápido.
-¿Qué? – Largo con prisa. Sentía que de alguna manera no quería
conversar como siempre lo hacíamos.
-¿Por qué renunciaste? – Cuestione sin dar más vueltas. – Sé
sincera, por favor. – Pedí al instante. Ella solo suspiro un par de veces y
tardo un poco en contestar.
-Kevin yo… hable con Amy. Y renuncie en realidad porque creo que
es lo conveniente para todos. – Respondió algo indecisa.
-¿Por qué? ¿Qué hay de malo? – Regrese a cuestionar aun
confundido. Todavía no podía aclarar nada en mi cabeza.
-Seré lo más sincera posible. – Dijo. – No quiero tener problemas
con nadie, no me gusta pelear, odio las confrontaciones. Si quieres saber lo
que de verdad paso, pregúntale a tu novia. – Expreso algo… creo que parecía un
poco enojada y decepcionada.
-¿No vas a decirme más nada? – Pregunté desconcertado.
-No. – Respondió seca. Luego me saludo haciendo un gesto con su
mano, y cerró la puerta de su casa, dejándome allí, un más confundido, con más
dudas que las que tenía al comienzo. No podía comprender la situación. Estaba
seguro que había algo más, y que nadie iba a decírmelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario