sábado, 3 de noviembre de 2012

Capítulo 10.


Capítulo 10.

“Fue un día como cualquiera, nunca olvidaré la fecha, coincidimos sin pensar en tiempo y en lugar. Algo mágico pasó, tu sonrisa me atrapó, sin permiso me robaste el corazón. Y así sin decirnos nada, con una simple mirada comenzaba nuestro amor. Tú me cambiaste la vida desde que llegaste a mí, eres el sol que ilumina todo mi existir. Eres un sueño perfecto, todo lo encuentro en ti. Tú me cambiaste la vida por ti es que he vuelto a creer Hoy ya no hay dudas aquí, el miedo se fue de mí y todo gracias a ti.”


Narra Marlene:

Mis ojos estaban entrecerrados, de a momentos podían ver todo, pero luego se cerraban y solo había oscuridad a mí alrededor. Sentía la música alta, a todo volumen, que retumbaba aturdiendo mis oídos con un sonido ensordecedor. La gente gritaba, bailaba, corría descontrolada por todo el lugar, que al igual que yo, no tenían control de lo que estaban haciendo. No podía manejar mi cuerpo, no encontraba la manera. Me sentía una especie de muñeca, de objeto fácil de manipular, pues no era consiente de mis actos. Sentía los besos húmedos de Brad sobre mi cuello, mi cara, recorriéndome. Percibí que él estaba sobre de mí y no podía quitarlo aunque quisiera. Mi cuerpo estaba repleto de alguna sustancia que yo misma ingerí, un compuesto que me dejaba un largo rato como si fuera alguien muerto en vida. Pero por fin pude retomar el habla, al fin lo hice. Miré hacía todos lados, vi a la gente, vi el lugar, lo vi a el que seguía allí aprovechándose de mí y de mi deplorable estado. 

-Quítate, aléjate de mí. – Pedí como pude… fue bueno al menos poder coordinar algunas palabras.

-Vamos Marlene… sé que te gusta. – Susurro a mi oído sin escuchar lo que estaba pidiendo.

-¿Dónde estamos? – Pregunté perdida. Pero en ese instante saqué mis fuerzas y logre ubicar a Brad. Doble mi cuerpo y quede sentada sobre el sofá en el cual había estado acostada hacía unos pocos segundos. – Necesito tomar algo… tengo mi garganta seca. – Ordene completamente irritada por toda la situación. Rápidamente Brad se despojó de mi lado, y fue en busca de alguna bebida. En sus manos me trajo un vaso que al parecer, solo tenía agua, pero luego de beberlo, me di cuenta que también contenía alguna extraña sustancia, esas cosas que se ingieren en las fiestas. Y otra vez estaba allí, perdiendo la noción de mi mente, de mis movimientos, de mi cuerpo entero. Otra vez sentía los besos de Brad, sus brazos, sus manos en mi cuerpo… Al cabo de un tiempo, él se despegó de mí.

-Quédate aquí, no te muevas, vuelvo por ti en un rato. – Indico y noté que estaba a punto de irse con un grupo de chicos.

-¿Qué? ¿Vas a dejarme sola aquí? Al menos llévame a casa. – Pedí lastimosamente.

-Voy a volver en unas horas. – Aclaró con limitación. Podía percibir que no le interesaba en absoluto lo que estaba diciéndole.

-No volverás... vas a dejarme aquí. – Susurre temerosa. El solo me miró fijamente, haciéndome saber que debía callarme la boca y quedarme ahí como él lo ordenaba. Entonces así lo hice. No pronuncie una sola palabra más y observé como el abandonaba el lugar con sus otros amigos. ¿Y yo? Yo no le importaba absolutamente nada. Solo me buscaba cuando necesitaba algo de mí.
De pronto sentí que algo vibraba en el bolsillo trasero de mi pantalón, era mi celular. Había olvidado que lo tenía allí. Lo tomé entre mis manos, y contemple en la pantalla que era Nicholas el que estaba llamándome. Lo atendí rápidamente, ni si quiera podía pensarlo porque aún no estaba completamente consiente de lo que hacía.

-Hola Marlene. – Oí su voz detrás del teléfono.

-¿Nick? ¿Qué hora es? – Pregunté develando que algo en mí estaba mal.

-Lo siento, sé que es muy tarde pero… espera, ¿Dónde estás?  – Dijo notándose confundido.

-En una… en una… fiesta. – Respondí cortando un poco las palabras.

-¿Estás con Brad? – Cuestiono al instante.

-No, me dejo sola. – Conteste con la verdad.

- ¿Marlene estás bien? – Pronuncio esta vez con más seriedad. Él pudo percibir que algo no andaba bien.

-Si… eso creo. – Alegué insegura. Y luego hubo un pequeño silencio entre nuestra conversación.

-¿Segura? ¿Estás sola? ¿No quieres que vaya por ti? – Cuestiono otra vez disconforme con mi incierta respuesta.  Y en aquel momento sentí algo extraño en mi pecho, era un sentimiento que me daba ganas de llorar, me causaba miedo, y a la vez me hacía sentir avergonzaba por todo lo que había hecho.

-Quisiera que vinieras por mí. – Confesé y las lágrimas no tardaron en salir resbalando desde mis ojos. Pero seguía oyendo la voz de Nicholas, que me pidió que me tranquilizara y que le intentará explicar a dónde demonios me hallaba. Afortunadamente, pude darle las indicaciones suficientes para que el lograra ubicarse. Finalizo la llamada, pero antes de hacerlo, me dijo que enseguida vendría a recogerme. No comprendía yo ni siquiera los motivos de porque estaban en mí esas insaciables ganas de llorar, y lo hacía… las lágrimas se escurrían en mi rostro, no se detenían. Creo que fue en aquel momento cuando me di cuenta que había llegado al extremo. 

Narra Nick:

Me adentré en aquella zona un poco oscura, desconocida para mí, pero lo hacía porque tenía que ayudarla a ella. Cuando escuche su voz detrás del teléfono la noté totalmente diferente, un poco asustada y algo perdida. Realmente iba a buscarla sin saber en qué estado iba a encontrarla, todas las ideas en mi cabeza eran inciertas. Por suerte, no tarde demasiado en encontrar el lugar, se notaba que ahí había una fiesta a simple vista. Había gente por todos lados, entrando y saliendo. La música a todo volumen, y claro, las luces encendidas. Estacione mi auto justo al frente, y baje de él. Entré a la fiesta, y comencé a observar hacia todos lados, con la intensión de verla a ella. Pero se me dificultaba un poco porque estaba repleto de personas por todos lados. Minutos después al fin la vi. Estaba sentada en un sofá, tenía la mirada perdida, y el maquillaje corrido por las lágrimas que se podían ver a lo lejos recorrer su rostro. Con velocidad camine directamente hacía ella.

-Marlene ¿Estás bien? – Pregunté agachándome un poco para quedar frente a frente y a su altura.

-Ahora sí. – Respondió entre suspiros, y quitándose algunas lágrimas. La miré a los ojos y comprobé que 
estaban totalmente cristalizados, que no podían encontrar tranquilidad.

-¿Puedes ponerte de pie? – Pronuncie extendiéndole mi mano para que lo hiciera con mi ayuda. Ella se aferró a mi mano,  y se puso de pie rápidamente. Pero antes de decir alguna palabra, solo se expresó abrazándome fuertemente. Apoyo la cabeza contra mi hombro, y comenzó a llorar desconsoladamente.

-Tranquila… tranquila, todo está bien. – Susurre a su oído mientras acariciaba su espalda y su cabello con suavidad, y al mismo tiempo la escuchaba llorar, y sentía mi hombro humedecido por sus lágrimas.

-Lo siento, Nick. Perdón, perdóname por esto. – Expreso mostrándose avergonzada, separándose un poco de mí.

-Shhh… - Indique que hiciera silencio. – No pasa nada ¿sí? – Aseguré para darle un poco más de seguridad. Pero ella solo se quedó en silencio. – Marlene, tienes que decirme si tomaste algo. Necesito saber que de verdad estás bien. – Pedí. - ¿Tomaste algo? – Pregunté seguido.

-Si… - Balbuceo un poco.

-¿Qué fue lo que tomaste? ¿Lo recuerdas? – Cuestione otra vez con suavidad. Realmente me preocupaba, y lo trataba como un tema serio. Pero no quería mostrarme enojado frente a ella, no quería asustarla más.

- Brad… me dio unas pastillas. – Confeso. – Y luego agua… creí que era solo agua pero tenía algo raro. – Acotó memorizando lo que había ingerido. Y luego de oírla todo me quedo más que claro… todo eso que consumió eran puras drogas. No había otra palabra para definirlo, más que decir que eran de esas sustancias casi venenosas, casi letales, esas sustancias que te destruyen. – Lo siento… yo no quería hacerlo realmente. – Comenzó a disculparse otra vez, y también la detuve.

-Está bien, está bien Marlene, no tienes que disculparte. – Dije comprendiendo sus palabras. – Vamos a ir a casa ¿sí? ¿Puedes seguirme?  – Indique cálidamente. Ella hizo un gesto de aceptación, y la tomé de la mano para guiarla hacia mi auto. Allí permití que ella subiera primero, abriendo la puerta del coche, y luego me ubique yo en mi asiento, empezando a conducir hacia mi casa. Marlene estaba bajo los efectos de esas drogas, y no iba a dejarla sola en su casa, en ese estado. Es por eso que decidí llevarla a la mía. Ella ni si quiera me pregunto a dónde íbamos, solo me seguía a mí. Entramos a mi casa, y la lleve hacia a mi habitación.

-Dormirás aquí ¿está bien? –Enseñé señalando mi cama.

-Sí. – Respondió. - ¿Y tú que harás? – Preguntó.

-Dormiré aquí, en un colchón. – Dije mirando hacia el piso. Ella solo sonrió tranquila, se quitó sus zapatos, y se acostó sobre la cama. Se posiciono de costado, pero aun no cerraba sus ojos. Se había quedado mirando hacia la nada, y supuse que estaba pensando en algo. Busque el otro colchón que tenía a un lado, y lo ubique justo al lado de mi cama, sobre el piso. Fue en el momento en el que me acosté, cuando ella miro hacia abajo, y volvió a hablar.

-Gracias Nick… - Expreso aferrándose suavemente a mi mano. Y revelando ante mí las cicatrices en su muñeca. – Gracias por dejarme estar contigo. – Agregó sin soltarme. Y cuando termino de pronunciar la última frase, cerró sus ojos con calma y se quedó sosteniendo mi mano. Me quede vinculado de esa manera a ella, observándola mientras descansaba, acariciándola con ternura, con cariño. Y aunque el sueño me venció, nuestras manos quedaron allí entrelazadas, hasta la mañana cuando abrí los ojos, y todavía seguía contemplándola, viéndola dormir como un ángel. 

Narra Kevin:

El día después de hablar con Lindsay, las dudas habían quedado haciendo eco en mi cabeza. Tenía la necesidad de investigar exactamente lo que había pasado. Es por eso que espere a que llegue Amy, y apenas apareció ante mí, le dije que quería hablar con ella, y se quedó así podíamos conversar con tranquilidad.

-Amy… quiero preguntártelo de nuevo. ¿Qué paso con Lindsay realmente? – Pregunté con la intención de que esta vez respondiera con la verdad.

-Nada Kevin… ya te lo dije. ¿Por qué te preocupa tanto esa chica? – Cuestiono curiosa.

-Nada en especial… es una amiga de mi infancia y por eso quiero saber lo que de verdad ocurrió. No creo que se haya ido sola como si nada. – Insistí. Pues sentía que mi futura esposa estaba ocultándome algo.

- ¿Por qué insistes tanto mi amor? ¿Estás desconfiando de mí? – Expreso tornándose un poco más alborotada.

-No, no dramatices tanto. Solamente te estoy pidiendo que me digas la verdad. – Pedí nuevamente.

-¿Quieres saber que paso? ¿No? Bueno, yo la eche, yo le dije que se fuera, que no quería verla más por aquí. ¿Y sabes por qué? Porque no soportaba que tuviera sus ojos todo el tiempo sobre ti. No despegaba su mirada, no se alejaba de ti. Esa chica no me inspira confianza, y deberías entenderme. – Lanzo finalmente, al parecer, confesando la verdad. Realmente eso me molesto demasiado. Hizo todo así, sin consultarme. Pero preferí no reprocharla, ni decirle nada que pudiera lastimarla, así que solo cerré la boca. Necesitaba pensar si lo que mi novia me estaba planteando era cierto, o si tan solo eran puras suposiciones e imaginación de ella.

Narra Emma:

Esa noche me desperté en la madrugada demasiado alterada. Otra vez uno de esos sueños, esas absurdas y escalofriantes pesadillas volvían a aparecer en mí, otra vez estaba viviéndolas, y me asustada, realmente era preocupante. Solían aparecer muchos días seguidos, o luego pasaban meses sin tenerlas, y cuando creí que ya estaba superado regresaban otra vez.  Es por eso que esa misma mañana me levanté de la cama, y fui directamente a pedirle el día libre a la mayor encargada del hogar. No podía trabajar ni hacer las cosas bien con toda esa angustia golpeando dentro de mí. Tenía que hacer algo por mí, intentar solucionar mis problemas desde otro lado. Pero había solo una cosa que de verdad me ponía mal, y me inquietaba todo el tiempo… y era saber la verdad sobre mis padres. Soy huérfana, crecí en un hogar de niños, pero nunca pudieron explicarme con exactitud como llegue allí, y porque me dejaron. Nunca pudieron decirme el nombre de mi padre, o el nombre de mi madre. Y cada día que pasaba, me desesperaba aún más. No podía seguir permitiéndome perder el tiempo. Es por eso que ese día estaba completamente decidida a comenzar con todo. En primer lugar, pensé en llamar a Ashton. Pero supuse que estaba trabajando o estudiando, porque era un muchacho muy ocupado. Es por eso que me decidí en pedirle ayuda a Joseph.  Marque su número un tanto insegura, porque realmente no quería interrumpirlo, ni molestarlo.

-Hola, Emma. – Pronuncio Joe.

-Joe… - Balbucee un poco.- Te llamaba para… - Intenté decir pero de repente me puse muy nerviosa y no pude seguir hablando.

-¿Necesitas algo Emma? – Pregunto el ofreciéndome su ayuda.

-No… bueno, en realidad yo… tenía ganas de hablar con alguien. – Exprese tímida.

-¿Y te gustaría hablar por acá o quieres que vaya a verte? – Cuestiono atento.

-Tal vez… quizás sería mejor en otro lado. – Propuse.

-Te invito a tomar un helado. – Dijo notándose entusiasmado, y una sonrisa nació en mi rostro, que lamentablemente, él no podía ver en aquel momento. Me alegraba, me encendía saber que tenía gente con la cual podía contar, que se preocupaba por lo que me sucedía, y que realmente quería ayudarme. Joseph no solo me daba confianza, sino que también me hacía sentir algo que jamás había sentido por alguien.



[ Hola!!Acá les dejo el capítulo 10. Bueno, creo que la novela se está poniendo más "buena" y está tomando forma (?) JAJA, gracias por todos los tweets lindos que me mandan, son lo mejor <3]